Bolivia, Perú y España. Tres países, diferentes realidades y una misma manera de entender la misión. Bajo este espíritu, los equipos de MISOL y de la familia de las Hermanas Franciscanas Hijas de la Misericordia se reunieron en la II Jornada de Formación e Identidad, un espacio de encuentro, reflexión y aprendizaje compartido para seguir fortaleciendo los vínculos que nos unen.
El encuentro, conducido por Maria Antonia Fullana, directora general de Mater, permitió acercar las diferentes realidades de los equipos, compartir experiencias y reconocer los valores que nos identifican como parte de una misma familia congregacional.
Porque, aunque desarrollamos nuestra labor en lugares distintos, a través de servicios y proyectos diversos, compartimos una misma esencia: el compromiso de acompañar, cuidar y generar oportunidades para las personas que más lo necesitan.
Diferentes lugares. Diferentes servicios. Diferentes personas. Una misma misión. Un mismo espíritu.
Un espacio para encontrarnos y reconocernos
La jornada nació con el propósito de seguir construyendo una identidad compartida, reforzando el sentimiento de pertenencia y el compromiso con la misión que nos une.
A lo largo del encuentro, los equipos tuvieron la oportunidad de reflexionar sobre qué significa formar parte de una congregación, compartir diferentes maneras de vivir la misión y reconocer aquello que nos identifica, más allá de las particularidades de cada territorio.
También se abordaron las fortalezas y los retos que surgen a la hora de transmitir nuestra identidad, poniendo de manifiesto la importancia de continuar aprendiendo, creciendo y avanzando conjuntamente.
Compartir experiencias para seguir construyendo equipo
La jornada se desarrolló a través de diferentes dinámicas participativas que invitaron a las personas asistentes a conocerse mejor, escuchar otras perspectivas y descubrir los puntos en común entre sus experiencias.
Desde las primeras actividades, orientadas a romper el hielo y descubrir quién se encontraba al otro lado de la pantalla, hasta los espacios de reflexión conjunta, cada propuesta contribuyó a acercar a los equipos y fortalecer los vínculos.
Más allá de las actividades, la jornada fue una oportunidad para escucharnos, aprender de otras experiencias y descubrir que nuestras diferencias también nos enriquecen.
Inclinar el corazón: una misma manera de acompañar
En el centro de nuestra identidad se encuentra el compromiso de «inclinar el corazón» hacia las personas y familias en situación de vulnerabilidad, reconociendo su dignidad, sus derechos y su capacidad para transformar sus propias vidas.
Desde MISOL entendemos el acompañamiento como un proceso que va mucho más allá de ofrecer respuestas a necesidades concretas. Significa estar presentes, escuchar, comprender y construir vínculos de confianza que permitan caminar junto a cada persona, respetando su historia, sus capacidades y sus anhelos.
Es una manera de trabajar que nace de la cercanía, el cuidado y la esperanza, y que nos impulsa a promover procesos de transformación personal y comunitaria.
Por eso, independientemente del país, del servicio o del proyecto en el que desarrollamos nuestra labor, compartimos una misma convicción: cada persona merece ser escuchada, acompañada y reconocida en su dignidad.
La escucha activa, la atención centrada en cada persona y la voluntad de mejora continua son elementos esenciales de esta identidad que construimos y compartimos día a día.
Una identidad que nos une y nos impulsa a seguir caminando
Esta II Jornada de Formación e Identidad nos recordó que formar parte de una misma familia congregacional no significa hacer exactamente lo mismo, sino compartir una manera de mirar, de sentir y de actuar.
Cada equipo, desde su propia realidad, aporta experiencias, conocimientos y formas de hacer que enriquecen nuestra misión común. Y es precisamente en el encuentro, el diálogo y el reconocimiento mutuo donde seguimos fortaleciendo nuestra identidad.
Continuamos caminando juntos, religiosas y personas laicas, desde Bolivia, Perú y España, con el compromiso de mantener vivo el espíritu franciscano y seguir construyendo una sociedad más justa, inclusiva y solidaria.
Porque nuestra misión cobra sentido cuando la compartimos. Y nuestra identidad se fortalece cuando caminamos juntos.